lunes, 19 de agosto de 2013

SÍNTESIS ENCÍCLICA "LUMEN FIDEI". CAPÍTULO TERCERO

Capítulo Tercero

Transmito lo que he recibido
(cf. 1 Co 15,3)


La Iglesia, madre de nuestra fe

37. La palabra, recibida por la fe, se convierte en respuesta, confesión y así, resuena para otros, invitándolos a creer (2 Co 4,13); la luz de Jesús brilla como en un espejo en el rostro de los cristianos, difundiéndose para también otros puedan participar y reflejar la Jesús (2 Co 4,6). La Fe, de ésta forma, se transmite, de persona a persona, como una llama enciende otra llama.

38. El rostro de Jesús, sus obras, nos llegan a través de testimonios pasados de generación en generación. ¿Cómo estar seguros  de recibir al “verdadero Jesús”?

Si el hombre proviene y pertenece a otros, y sí su vida se ensancha en el encuentro con otros, entonces, el pasado de la fe, esa memoria nos proviene de otros. Ese testimonio ha sido conservado vivo en la Iglesia, Madre que nos enseña a hablar el lenguaje de la Fe.

Quien conserva todas estas cosas, es el Espíritu Santo (Jn 14,26). Él nos hace contemporáneos de Jesús, convirtiéndolo en guía de nuestro camino de Fe.

39. La Fe no es una únicamente una opción individual. Ésta abierta al nosotros, en comunión con la Iglesia. Creer es una respuesta, que hace parte de un diálogo: es posible responder en primera persona “Yo creo”, porque se hace parte de una gran comunión con el “creemos”.

El Amor de Dios mismo, no sólo es relación entre Padre e Hijo (“yo” y “tu”), sino que el Espíritu es también un “nosotros”: el Amor de Dios lo comparten una comunidad de Personas.

Quien cree nunca está solo: la fe tiende a difundirse, a compartir su alegría con otros. 


Los sacramentos y la transmisión de la fe

40. Por la Tradición de los apóstoles, que conserva y transmite lo que el cristiano es y lo que cree, estamos en contacto con la memoria fundante. Lo que comunica la Iglesia, es la luz que nace del encuentro con el Dios vivo.

La transmisión de ésta riqueza, se hace por los sacramentos. Con ellos, la Iglesia nos comunica una memoria encarnada, ligada a los tiempos y lugares de la vida, asociada a todos los sentidos.

Por esa razón, el despertar de la fe pasa por el despertar de un nuevo sentido sacramental: lo visible y material se abre al misterio de lo eterno. 

41. El bautismo es el primer lugar donde la fe es transmitida. Por éste sacramento somos criaturas nuevas y nos convertimos en hijos adoptivos de Dios, recibimos una doctrina y forma de vivir. El bautismo sólo puede ser recibido en comunión con la iglesia: no es un sacramento que ocurre por la fuerza propia de uno mismo. 

42. En el bautismo, existen elementos que nos introducen en un nuevo "modelo de doctrina": el nombre de la Trinidad, que ofrece un resumen del camino de la fe, desde los primeros llamados por Dios, hasta la entrega de Jesús por nosotros y nuestra condición de Hijos; la inmersión en el agua, que es morir, es decir, convertirse y abrirse a la Vida que ofrece el Señor. De esa forma, la Fe se encarna: Jesús nos toca en nuestras realidades personales, llevándonos a un nuevo estilo de vida; el bautizado puede ponerse en pie sobre el "picacho rocoso" con "provisión de agua" (Is 33,16): se apoya en algo consistente en que apoyarse y el agua del bautismo, se convierte en fuente de vida confiable, porque introduce en la dinámica del amor de Jesús.


43. En el bautismo, recibimos nuevo nombre y una vida. Éste se otorga durante la niñez: así el niño no sea capaz de entender el sacramento, éste es sostenido por otros, por una "comunidad de fe" en la que Iglesia y Familia participan sinérgicamente para transmitir la fe. A los padres corresponde, no sólo engendrar a los hijos, sino también llevarlos a Dios, en la regeneración que Dios da por el bautismo. 


44. La eucaristía, es alimento para la fe, encuentro con Jesús. En éste sacramento confluyen dos ejes del camino de la fe: el eje de la historia (como acto de memoria que se actualiza) y el eje que lleva del mundo visible al invisible: vemos la profundidad de la realidad, pues la conversión del pan y el vino en el Cuerpo y Sangre de Jesús, revelan el destino de la creación y su movimiento hacia su plenitud en Dios. 


45. En los sacramentos, la Iglesia transmite su memoria por la profesión de fe. Esto es: nuestra vida se une a Dios en el Credo. Allí, somos invitados a penetrar en el misterio que profesamos y a dejarnos transformar por él. 


En el Credo, se reconoce como centro del propio ser, la comunión divina con la Trinidad; también contiene una profesión cristológica (recorrido de los misterios de toda la vida de Jesús) que nos habla del poder del Dios Trinitario que atraviesa la existencia. El credo, en últimas, nos une a la Iglesia. 



Fe, oración y decálogo


46. Otros elementos esenciales para la transmisión de la memoria de la Iglesia son: la oración del Padrenuestro (en ella, compartimos la misma experiencia espiritual de Cristo) y el Decálogo (nos ayuda a caminar hacia la comunión con Dios, siendo camino de gratitud, pues es la forma cómo respondemos al Amor transformante de Dios).



Unidad e integridad de la fe


47. La unidad de la Iglesia está relacionada a la unidad de la fe (Ef 4,4-5). Ésta unidad en el amor, nos construye una visión común, enriqueciendo nuestra mirada. Ésta mirada, está llena de la verdad de Jesús, adquiriendo firmeza y profundidad. ¿Por qué es "Una" la Fe? 1) Por la unidad del Dios conocido y confesado; 2) Porque se dirige al único Señor, a la vida de Jesús, a su historia compartida con nosotros; 3) Porque es compartida por toda la Iglesia, que forma un solo cuerpo y un sólo espíritu. 


48. La fe es una sola, debe ser confesada en toda su pureza e integridad. Por ello, ha de vigilarse para que la fe sea transmitida de forma total, pues en distintos momentos de la historia, algunos elementos serán más fáciles o difíciles de aceptar (1 Tm 6,20). 


La unidad de la fe es la unidad de la Iglesia, quitar algo a la fe es quitar algo a la verdad de la comunión. La unidad de la fe es la de un organismo vivo. 


49. El Señor ha dado a la Iglesia el don de la sucesión apostólica, como servicio a la unidad de la fe y a su transmisión íntegra. La fe se basa pues, en la fidelidad de los testigos que han sido elegidos por el Señor para esa misión. Gracias al Magisterio de la Iglesia nos puede llegar íntegro este plan y, con él, la alegría de poder cumplirlo plenamente. 


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